NO ME HAGAS RECORDAR

Publicado en por FRANKO SERVÁN

 RAY EL ARMY

En la tierra donde nací, el sueño en el cerebro del 60% de los jóvenes que terminan su quinto año de secundaria, es ser militar. De los  compañeros de aula que he tenido, por lo menos cuatro pertenecen a una escuela militar de mi País.

 No tengo nada contra ellos, en absoluto. Por lo contrario, tengo cierto caso de envidia guerrera, por así decirlo, ya que no solo en mis promociones, si no en mi familia, la vida castrense está muy presente. Y no es broma, tengo tíos en la esfera más alta de la vida militar, mi hermano formo parte de ellos desde que tenía 17 años (haciendo caso omiso a mis consejos). Pero  todos ellos son aparte de mi familia, muy amigos míos y con quienes disfruto pasar tiempo.

 Siempre me toman de punto en cuanto a bromas, cuando se burlan del arete que llevo en mi oreja izquierda, o la barba descuidada, digna de por lo menos dos semanas de castigo. Pero estaré siempre  con ellos cuando tengan algún problema, lo cual no significa que desactivaré una bomba, o seré el franco tirador que salve su vida.

Al ver películas y como casi toda mi generación, no estuve excepto a sentirme inmortal al ver Rambo o Comando en función estelar, a las nueve de la noche. Sentirme Arnold o Stallone (Sly para los amigos) con tan solo tener un cuchillo de plástico plomo o pintarme la cara con rayas verdes, esperando sorprender a alguien. Pero la vida pasa y te das cuenta de que eso en la medida de  lo real, es más difícil. Cuando tenía 15 años, aprendí a ver a estos héroes con otra mirada, conocer gente que paso por eso, ver cine latinoamericano, hechos de la vida real, gente que tenía un escenario para contar lo que pasa día a día, en realidades que escapan a nuestro entendimiento, fue un golpe directo a mi rostro.

Dentro de este cine sui generis, conocí a los BOPE. Una fuerza especial brasilera, altamente calificada en combate dentro de favelas. Un escuadrón cual entrenamiento, hacia ver el adiestramiento del mismísimo ejército israelí, como un día en nube luz.

Es una de las películas favoritas de mi hermano (prefiero  Ciudad de Dios) y es innegable, que tan solo el imaginar que existen personas, que combaten día a día con esa realidad, te hacen sentir a salvo, tranquilo y agradecido de hablar con amigos, comer con tus padres y jugar con tu hijo, sin el temor de recibir un balazo o vivir con el sonido de una M-16 a tus espaldas. Mi hermano siente respeto por la BOPE, Ivan y Oscar sienten lo mismo.

-¡Son unos conchadesusmadres! ¡Hay que tener huevos!

Muy de acuerdo con ellos. ¡PERO! Y recalco ¡PERO! Yo conozco alguien, que no pasó ningún casting, que no firma autógrafos, que no fue galán de novela antes de que alguien lo lleve a la pantalla gigante. Alguien que se gana un sueldo, que le compra chimpunes a su hermano menor, que le invita unas humitas a su mamá y un par de cervezas a su padre. Alguien que me da un abrazo y me cuenta como anécdota, lo que sufrió, vivió, lloro, lamentó, pero sobre todo disfruto al ser un “Comando” titulo que solo unos cuantos pueden ganarse y estoy orgulloso, escuchar de uno de ellos:

-Primo ¡te quiero como mierda!

El es mi primo chino. Es graduado de la escuela de Comandos del Ejército Peruano, que no tan lejos de la realidad, están conocida y respetada como la BOPE del cine, alumnos de escuelas militares venezolanas, bolivianas, colombianas, vienen a llevar este curso, que es como su tesis o un doctorado. Me cuenta que de los 70 perros (así los llama él) que empezaron el curso solo terminaron 17 y él al frente de ellos. Pareciera poca cosa pero lo que trato de resumir a modo de guion humorístico, lo sufrió en carne propia.

Para separar lo que yo pensaba sobre el ejército empezaría por recordar a muchos de mis promociones, los cuales me contaron lo que sufrieron en una base militar, ya que llegar ahí fue lo más inesperado de su vida.  La mayoría, disfrutaba de algún tema de Ace of base, un Jambo Jambo Jambo, o el meneíto, en las pistas de baile en una de las dos discotecas con las que contaba la ciudad de Chachapoyas, cuando de pronto la música se apagaba, las luces se encendían, se escuchaba una voz aguardientosa que decía:

 -¡Dos filas a la pared carajo!

-¡Hombres a la derecha! ¡Mujeres a la izquierda!

-¡Documentos a la mano!

En cuestión de segundos, y después de salir por la puerta que minutos antes te habría las esperanzas de diversión o de un amor,  se transformaba en una espera en la parte trasera de un porta tropa, rumbo a Jazán o el Milagro, para servir a tú Patria. Patria de la cual no había salido Ace of Base, el meneíto, ni menos jambo, jambo, jambo.

Patria que te llevaba a una vida militar, que te hacía sentir más miedo, que Freddy Cruguer o el mismo Jason Burguis. Y no es exageración, uno de mis mejores amigos, fue llevado en esta leva. De cariño lo llamábamos –Lapacho-un amigo noble como ninguno. El llego a esa vida y estuvo solo meses, que quedaron para siempre cual tatuaje de tinta china en la unión del dedo incide y el pulgar de la mano derecha, con las iniciales EP.

 El siempre se quejo del Colegio, pero estoy seguro que no hubiera cambiado ningún día de callejón oscuro por llegar tarde o jalada de patillas del profesor Germán por un segundo en ese lugar. Y no lo digo porque no tuviera los huevos para hacerlo, simplemente porque tratar a alguien que defiende a todo un País como lo trataron era irrespetuoso, mal agradecido, hasta estúpido.

-¡Franko! ¡Putamadre Franko! Ahí te hacen comer mierda, te pegan día y noche, el arroz tiene gorgojos, el pan es tan duro que puedes chancar un  nogal, te roban todo, no te dejan dormir  y encima el huevón que está más años que tú, es tan traumado, que lo único que le hace sentir bien es sacarte la mierda.

Estuvo tres semanas en el Milagro, en un cuarto, solo con un short y unas sandalias, cuarenta grados y  una  ventana por la cual llegaba el aire como suspiro de desahuciado. Por fin pasó ese tipo de prueba, le dieron uniforme y un permiso de media hora para salir, salir es mucha palabra ya que no hay nada alrededor de esa base,  menos con solo cincuenta céntimos en su bolsillo y el hambre que mata.

Hay una tienda al frente, la manejaba también un militar, gordo de bigotes, todo sudoroso y con un mandil el cual debió haber sido blanco algún día. El va hacia allá con la única idea de gastar su sencillo en algo con más sabor que el insípido segundo que servían, que en palabras de él era un vomito de loco.

Cruza la puerta y muy amablemente habla:

- ¡Señor me da una galleta GyN!

El voltea como si le hubieran escupido en el rostro:

-¡perro de mierda sabes con quien estás hablando!

Lapacho mira hacia la derecha e izquierda, no sabe que pasa

-¿Perdón señor?

Los ojos del robusto hombre detrás del escaparate se encienden

-¡Con quien mierda crees que estás hablando! ¡Yo soy tú teniente!

-Perdón mi teniente no sabia

- No te preocupes no estoy tan molesto como parezco, pero te voy a dar una advertencia.  Para que lo entiendas de una vez, ven, ponte contra la pared y párate de manos.

Lapacho va, se para de manos, se queda por media hora hasta que toda la sangre le baja a la cabeza, esta mareado y a punto de desmayarse, cuando siente un dolor tremendo entre las costillas y cae por fin.

Una patada debajo de la axila le rompe dos costillas y hace que se desmaye casi 3 horas, se despierta y no hay nadie al rescate atendiéndolo o por lo menos preguntando que pasó, solo el mismo gordo con el mandil, diciéndole:

¡Perro de mierda! mañana vuelves a esta hora y si no sabes mi nombre será peor,  si no vienes, te buscare y no creo que quieras saber lo que hare cuando te encuentre.

Totalmente aturdido, adolorido y hastiado de su vida vuelve al cuartel, lo tratan de curar con algunas vendas y un dencorub, que no hicieron nada que no hiciera el paso del tiempo. Una vez que salió de enfermería, empezó a preguntar cuál era el nombre de aquel maldito. Tanta ingenuidad de su corazón le hacía pensar que no volvería a sentir tal humillación -¡pero No!- nadie en una base de casi 500 soldados le pudo decir ni una inicial del dueño de aquella tienda.

-¡Primo! Tú crees que alguien me quería decir su nombre, todos se reían, y el tiempo se agotaba.

Llego el día siguiente y el creer que si va a la misma tienda seria menos castigo de ser buscado y cazado como presa, fue el más grande error, salió y enrumbó hacia esa puerta frente al cuartel

¡Hola perro! Te veo bien, por lo menos respiras, ¿supongo que sabes mi nombre?

Lapacho era tan respetuoso que para cualquier persona hubiera sido imposible recriminarlo

-No se su nombre señor

Rafa o el Wratchild al saber que el castigo seria el mismo, hubieran respondido:

¡No lo sé gordo cabrón!

Pero él ¡no!

-No lo  sé señor, pero no se moleste, discúlpeme por lo de ayer

Solo el sintió el dolor y es por eso su respuesta, nada que criticarle.

-¡perro de mierda! ponte en posición

-Puta madre primo me paró otra vez, pero ya no de manos, esta vez me tenía que sostener con los codos, mientras me sacaba la mierda.

Pasaron seis meses desde ese día y me cuenta que cada viernes volvía aquella tiendecita del horror.

-Primo ahora estoy aquí contigo, te ríes, yo también, ¿pero sabes que es lo peor?

-¿Qué lapachito?

-Que hasta ahora no sé el nombre de ese conchadesumadre

Otro amigo a quien le dicen musha me encuentra, esta ebrio, alegre y quiere compartir su alegría conmigo.

-Puma, por fin salí de esa mierda, soy libre después de años en el ejército en contra de mi voluntad, salí y sé menos cosas de las  que sabía cuando entré, a no ser que quieras que le saque la mierda a alguien, ¡ahorita! Eso si  aprendí.

-No musha tranquilo, tomemos un trago por tu felicidad.

-Franko, ojala nunca llegues ahí

-¿Tan cagado es?

-Solo escucha ¿¡quién es tu pata!?

-Tú musha… tú

-Un día entraron al cuarto en donde estábamos durmiendo, unos cachacos mayores y empezaron a sacarnos la mierda a palazos o con lo que tenían a mano, nosotros solo con un polo y en calzoncillo.

Se me viene a la mente la ciudad y los perros, esperaba  que la historia me describiera un rebelde que saldrá victorioso como el Jaguar, pero no, Vargas Llosa no escribirá de esto y nadie tendrá miedo a un chibolo con una correa en la mano, en el ejército igual te sacan la mierda.

-Me agarre a puñetazos con un par, y por mi madre primo que les dolió, pero eran más, me molieron a golpes y me arrastraron hasta otro cuarto. Ahí había una cama y un oficial estaba echado, visiblemente molesto, pero no era por mí. Lo salude con la mano derecha hacia mi frente y le pregunte en que podría servirle.

-Me dijo que no podía dormir por los malditos zancudos.

-Puta madre primo no podía decirme eso no más, ¿en vez de sacarme la mierda? yo  habré mandando a los zancudos, tendré criadero, picaran en mi nombre, ¡este esta cagao! No se lo digo porque de verdad duele el golpe.

-¡ja! ¡ja! ¡ja! ¿Y qué quería?

-Primo, el huevón me dice, voy a dormir, mientras tanto tú vas matar a todos los zancudos que me jodan, pero no quiero bulla,- ¡nada! -Los agarras con tus dos dedos, el índice y el pulgar, sin hacer el menor ruido.

-¡Ah! Y otra cosa quiero ver a esos malditos en mi mesa de noche, y no desordenados quiero que hagas un batallón de tres filas y un brigadier, zancudo por zancudo.

Es imposible de creer, que tienen en el cerebro, solo me queda reír, antes de que el musha  vomite.

Volviendo a mi primo Chino; me cuenta que en la Escuela de oficiales pasaron muchas cosas, como tomar la sopa de una forma distinta a la del resto del mundo. Cada cucharada la tenía que levantar  recta sin perder la mirada al frente y cuando estaba frente a su rostro había que darle una vuelta alrededor de la cabeza, pasarla por la oreja izquierda, la nuca, la oreja derecha y luego a la boca.

- Primo no llegaba pero ni una gota.

Pero el peor castigo que le tocó (no entró en detalles) lo martirizaron un buen tiempo por algo que no fue completamente su culpa, fue sin querer queriendo.

Era la final de Futsal inter escuderías del Ejercito, se llevaba a cabo en el coliseo de dicha Institución, un coliseo cerrado, lleno de tope a tope, toda la plana mayor en tribuna preferencial, solo faltaba el Presidente de la República. El pertenecía a Infantería que era uno de los equipos finalistas, un día antes el instructor les había dicho que lleven todo lo que puedan para darle vida a la barra, banderolas, instrumentos, serpentinas, todo eso.

Pues eso hicieron todos, minutos antes de que salgan los equipos a la cancha, uno de los cadetes llega con una bomba de humo del color de su equipo y se la da al instructor. Chino se acerca y haciendo gala de su creatividad propone llevar la bomba y soltarla en el túnel por donde saldría su equipo, así ellos entrarían a la cancha en medio del humo como rockstars, le dan luz verde a su brillante idea y claro que es él quien la llevará a cabo.

Se coloca al costado derecho de la salida del túnel, frente a ella está el arco, le dice al capitán del equipo que sta listo para salir que le de la señal para que lance la bomba de humo. La barra empieza a cantar

-¡Sale campeón! ¡Sale campeón!

Todo está listo, Chino recibe la señal, arranca la espoleta y lanza la bomba, el equipo empieza a salir, cuando Chino empieza a sentir ardor en los ojos y cara, se da cuenta y para su sorpresa no era una bomba de humo si no lacrimógena, que estallo en la cara de los jugadores uno a uno cruzaban la cortina de humo y perdían el control de sus habilidades motoras, se estrellaban contra la red del arco, se tropezaban se atropellaban entre ellos, mientras el gas inundaba todo el coliseo en segundos.

Se armo todo un pandemónium, imagínense toda la plana mayor del ejército, miles de cadetes y una bomba lacrimógena, suena al comienzo de un plan para aniquilarlos dentro de una jaula. Chino se escapó, se escondió en el baño donde escuchaba todo el griterío y escándalo de afuera que no eran tan fuertes como el latido de su corazón por el miedo, un alboroto de esas proporciones y él era el culpable.

Todo se calma y escucha un grito que retumba el lugar

-¡Quiero al culpable! Y será mejor que se presente voluntariamente

Era la voz del General, mi primo sale con el brazo levantado como chiquillo malcriado, con la mirada baja y  todos mirándolo con cara de querer matarlo.

-Primo, me acerco y el general con los ojos rojos y todavía llorando me puteaba mientras me hacía saber mi castigo.

-Ni su mamá lo había hecho llorar.

La pregunta que le hice era obvia

-¿No habías leído lo que decía en la bomba?

-Estaba en Chino primo y como era de color…

-Por las huevas tu apodo primo.

 

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Sandro Castro Santillán 07/31/2009 18:17

Hola Franko desde que me pasaron la voz de tu blog, la verdad siempre lo reviso, te felicito es un espacio muy entretenido y me encanta la redacción que utilizas, por supuesto me divierten tus anécdotas realmente tienes estilo amigo.Asimismo quisiera aprovechar la ocación para invitarte a que revises mi blog que para ser sincero lo generé despues de leer el tuyo. Cuídate mucho y que todo te vaya de maravilla.
Hasta pronto amigo espero pronto más artículos.

Shusaby 07/05/2009 02:23

Vaya, que raro, nunca habia sabido de alguien que tuviera una vida rodeada de lo militar, pero parece que te es de lo más normal, si yo estuviera en tu situación creo que no me agradaría, de por sí ahorita estoy un poquito desesperada para que ya terminen lo de las elecciones porque ya alusino las campañas, y ahora estar rodeada de lo militar me sería desesperante, en fin, suerte con todo, luego me doy otras vueltas por tu blog, ciao.